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La UCI al aire libre: una apuesta para humanizar la atención.
04.08.26 | Catalunya
Este año, el King’s College Hospital de Londres ha abierto un espacio singular: un jardín en el tejado integrado a la unidad de cuidados intensivos. Lejos de ser un elemento ornamental, el proyecto nace con una voluntad clara de humanizar la experiencia de los pacientes críticos y explorar nuevos caminos en el proceso de recuperación.
Para la supervisora de enfermería de cuidados intensivos del King’s College Hospital, Jacqueline Gaynor, el impacto potencial es evidente. “Tener acceso a un jardín en el tejado dedicado es increíblemente emocionante tanto para los pacientes como para el personal”, señala. El entorno de la UCI, altamente tecnificado, puede resultar “desconocido y aislante” para quien pasa semanas o meses, y este espacio ofrece “una oportunidad de reconectar a los pacientes con el mundo exterior de una manera segura y controlada”.
Bienestar del paciente
La iniciativa busca incidir no solo en la recuperación física, sino también en el bienestar emocional. Gaynor apunta que “el acceso a la luz natural, el aire fresco y un cambio de entorno puede ayudar a reducir la sensación de ansiedad, aislamiento y desorientación”. También puede convertirse en un punto de inflexión en la estancia, “un hito importante en el camino de recuperación”, e incluso favorecer momentos compartidos con las familias fuera del entorno inmediato de la cama.
Aun así, no está exenta de retos. “Los pacientes críticos a menudo requieren equipación compleja y monitorización continua”, recuerda, hecho que obliga una selección cuidadosa y a garantizar traslados seguros. Con todo, defiende que “los beneficios potenciales superan ampliamente estos retos”.
Otras opiniones
Desde la práctica asistencial, experiencias previas refuerzan esta mirada. Joan Pons Laplana, enfermero catalán en el NHS y finalista al Patient’s Choice award del Royal College of Nursing por su trabajo en la UCI, recuerda que “la humanización de la enfermería es para mí fundamental y especialmente en la UCI”. En su trayectoria, ha constatado cómo pequeños estímulos pueden tener un impacto relevante, y valora iniciativas como el rooftop: “Todo el que sea poner al enfermo en la mejor disposición para que el cuerpo se recupere, pues mucho mejor”.
Pons también advierte de la complejidad de introducir cambios en entornos de alta vigilancia: “No es fácil, porque está en juego la vida del enfermo”, pero insiste en la necesidad “de intentar cosas para poder avanzar en enfermería”.
“Hay que hacer estudios sobre la incidencia de este tipo de entorno. La enfermería es ciencia: no solo lo tenemos que hacer, sino también demostrarlo con datos”, afirma Joan Pons Laplana
El proyecto londinense, todavía incipiente, abre así una línea de trabajo que pone el foco en una idea esencial: en la UCI, también se cuidan personas, no solo procesos clínicos.
“Sacaros a ver el mar vale mucho la pena”
En el Hospital de Mar, la experiencia de salir con pacientes críticos forma parte de la mirada de humanización. Maria Lorente, enfermera de UCI en el Hospital de Mar, lo explica con claridad: “Es muy positivo porque llevan tiempo ingresados y solo ven las 4 paredes del box”. Y añade: “El sol en la cara, estar con su familia,… relaja y es una experiencia muy bonita”.
Aun así, advierte que “transportar a un paciente no es sencillo” e implica más carga asistencial. “Depende de cómo esté de cargado el servicio, no lo podemos hacer tan a menudo como querríamos”, reconoce. Y concluye: “Cuando lo has vivido, ves que vale mucho la pena, comporta un beneficio muy grande para los pacientes”.
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